Avance hacia una vacuna contra la malaria

09.08.2013 22:20

  • Un estudio en fase I muestra una eficacia del 100% en una nueva terapia
  • Se basa en la inyección por vía intravenosa de una versión 'light' del parásito
  • Aunque prometedora, la vacuna debe mostrar su eficacia a largo plazo
  • También sería necesario encontrar otras vías de administración

Cientificos de siete centros de investigación estadounidenses han presentado una nueva vacuna contra la malaria. La vacuna, llamada PfSPZ, se compone de esporozoítos vivos pero debilitados de la especie Plasmodium falciparum, el más mortal de los parásitos que causan la malaria. Por el momento, su aplicación es intravenosa a diferencia de las inyecciones subcutáneas que se suelen realizar habitualmente, lo que podría dificultar su posterior administración y suministro.

El ensayo de Fase I, que tuvo lugar en el Centro Clínico de los NIH en Bethesda (Estados Unidos), seleccionó 57 voluntarios adultos sanos de entre 18 y 45 años que nunca habían tenido malaria. De éstos, 40 participantes recibieron la vacuna y 17 no lo hicieron. Para evaluar la seguridad de la dosis, los vacunados fueron divididos en grupos que recibieron entre dos y cinco dosis intravenosas. Tras suministrar el producto, los participantes fueron monitorizados rigurosamente durante 7 días. En este periodo de tiempo no se observaron efectos adversos asociados con la vacuna ni infecciones de malaria relacionadas con la vacunación.

Los resultados del estudio, que se publica en Science, mostraron que las dosis más altas de PfSPZ protegieron contra la infección de la malaria. Un tercio del grupo que recibió cuatro dosis desarrolló la malaria en comparación con el grupo de cinco dosis, en el que no se produjo ninguna infección. Entre los participantes del grupo de dosis más baja resultaron infectados 16 de 17. Por otra parte, de los 12 participantes que no recibieron la vacuna, 11 participantes se infectaron después de la exposición de mosquitos.

Las conclusiones obtenidas en este trabajo demuestran que la terapia es 100% eficaz en las dosis más altas y le permiten al menos seguir demostrando su utilidad en nuevos ensayos clínicos.

La terapia funciona inyectando por vía intravenosa esporozoitos atenuados; es decir, una versión 'light' del parásito que causa la malaria. Esos esporozoitos se alojan en el hígado y cuando el sujeto vacunado es infectado realmente por la malaria activa, su organismo pone en marcha una respuesta inmune suficientemente potente para protegerle de desarrollar la enfermedad. Un mecanismo de actuación muy diferente al de RTS,S/AS01, la vacuna diseñada por Alonso en colaboración con los laboratorios GSK y hasta ahora considerada la más avanzada, pese a que sus niveles de protección han ido descendiendo con el tiempo.

"Hace 100 años que sabemos que es posible adquirir inmunidad contra la enfermedad bajo la exposición natural al propio parásito", explica a este periódico el propio Alonso, director del Instituto de Salud Global (un centro conjunto del Hospital Clínico y la Universidad de Barcelona). Ese contacto diario con los mosquitos que transmiten la malaria es el que hace que algunos adultos africanos acaben logrando protección natural contra la infección ("a costa de los muchos que se quedan en el camino").

Por eso, hace 40 años, Ruth Nussenzweig trató de 'imitar' esa misma inmunidad natural inyectando una forma inactiva del parásito a través de las picaduras de los mosquitos. Para ello sometía a los Anófeles a altas dosis de radiación para inactivar el parásito de la malaria ('Plasmodium falciparum') antes de que los insectos picasen a los voluntarios y les transmitiesen esa versión del parásito incapaz de replicarse.

Intentos fallidos

"Aunque las tasas de protección eran bastante altas [del 60%], el método era obviamente impracticable", explica a ELMUNDO.es Stephen Hoffman, director de la compañía Sanaria y uno de los autores del trabajo que ahora se publica (en colaboración con Robert Seder y otros científicos de los NIAID y de la marina estadounidense). Hoffman ha pasado los últimos años de su vida intentando buscar en el laboratorio un modo de inyectar el parásito inactivo, de manera estéril, segura, controlada y sin necesidad de las picaduras de mosquitos.

De hecho, sus primeros intentos de administrar esta vacuna por vía subcutánea lograron una protección muy baja, tanto como para estar a punto de hacerles abandonar la idea ("mis colegas decían que era imposible"). Con el respaldo de aquella carta de Alonso, el nuevo intento -esta vez por vía intravenosa- parece haber dado en la diana.

Desafio

"La buena noticia es que hemos obtenido un alto grado de protección; el reto es que aún tenemos que demostrar que esa protección es duradera", señala a ELMUNDO.es Anthony Fauci, director de los Institutos Nacionales de Enfermedades Infecciosas de EEUU (NIAID), la institución que ha financiado el ensayo. En la mente de todos está la vacuna RTS,S/AS01 (que utiliza una proteína que recubre los esporozoitos para despertar una respuesta inmune) que ha ido perdiendo eficacia a medida que han ido avanzando los ensayos clínicos y se ha probado en miles de pacientes africanos hasta situarse en un 30%-50% (pese a que en la fase I también rozaba el 100%).

Además de la duración de la protección, añade Fauci con cautela, habrá que resolver los problemas logísticos que supone la vía intravenosa, y que hacen que la nueva vacuna sea prácticamente inviable para campañas masivas de protección. "El estudio es una prueba de concepto, hemos demostrado que es posible adquirir un alto grado de protección [contra la malaria], ahora debemos pensar si es posible replicar esos resultados mediante otra vía de administración, como la intradermal o la subcutánea", añade por teléfono desde Maryland.

Para ello, explica Hoffman, se pondrán en marcha diversos ensayos clínicos este mismo año ("o a principios de 2014") en Guinea Ecuatorial, Tanzania, Mali y previsiblemente Alemania; aunque Alonso no descarta también algún tipo de colaboración desde España. "Lo importante ahora es sentarse bien y diseñar bien los estudios que hay que hacer en los próximos 5-7 años para evitar errores del pasado, porque la historia de la vacunología nos ha enseñado que a veces por ir demasiado rápido se plantean estudios que no son los siguientes pasos lógicos".

"Le damos mucho valor al estudio, pero aún le queda muchísimo para convertirse en una vacuna", añade el científico español que más lejos ha llegado en el desarrollo de una terapia preventiva contra el paludismo. El investigador español, que conoce y colabora con Hoffman desde hace 25 años, asegura que no es cuestión de que ésta nueva inmunización vaya a sustituir o reemplazar a la RTS,S que él diseñó: "Yo soy el primero que espera que a la RTS,S le sustituya otra más eficaz, pero cualquier nueva vacuna va al menos cinco o 10 años por detrás. Yo sería el hombre más feliz del mundo si esta nueva sigue siendo 100% eficaz dentro de 10 años, aquí no hay rivalidades, la malaria es una enfermedad muy complicada".

También desde el Fondo Global contra el Sida, la Malaria y la Tuberculosis se felicitan por el trabajo. "La investigación para el desarrollo de una vacuna contra la malaria lleva en marcha desde los años 70. La erradicación de la enfermedad es imposible sólo con las herramientas actuales, por lo que el desarrollo de una vacuna altamente eficaz que reduzca dramáticamente la transmisión [de la infección] puede ser una herramienta transformadora de cara a la futura erradiación de la malaria", apunta a ELMUNDO.es Scott Filler (asesor científico del Fondo para temas de malaria).

La malaria, en cifras

  • Según la OMS, en 2010 hubo 219 millones de casos de malaria y 660.000 muertes; el 90% de ellas en países africanos.

  • Los niños menores de cinco años son las principales víctimas de esta infección causada por parásitos 'Plasmodium'. Los primeros síntomas suelen darse 10-15 días tras la picadura.

  • Las mosquiteras impregnadas de insecticida y otras intervenciones preventivas han permitido reducir un 26% la mortalidad por esta infección.

  • Pese a los esfuerzos económicos se calcula que se necesitan 5.000 millones al año de aquí a 2020 para lograr un acceso universal a la prevención.

Fuente: Diario Médico y Elmundo.es (María Valerio)